De la pluma de metano a la energía: cómo Consorcio Santa Marta transforma residuos en solución climática
- Comunicaciones
- 15 abr
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En la conversación sobre cambio climático, hay emisiones que no siempre se ven, pero que tienen un impacto decisivo. Una de ellas es el metano, un gas que se genera naturalmente en la descomposición de residuos orgánicos y que, si no se gestiona adecuadamente, puede tener un efecto significativamente mayor que el dióxido de carbono en el calentamiento global. Por ello en Consorcio Santa Marta hemos convertido esta responsabilidad en una oportunidad concreta de aporte climático.
En este contexto, entender cómo se comporta este gas es clave. Aquí aparece el concepto de “pluma de metano”, que describe la dispersión del metano en la atmósfera. Gracias a tecnologías de monitoreo avanzadas, hoy es posible detectar, medir y seguir estas emisiones, permitiendo una gestión mucho más precisa y responsable.
Pero medir no es suficiente. La diferencia está en qué se hace con esa información.
Gestionar el metano: de emisión a oportunidad
En Consorcio Santa Marta, el metano no se libera a la atmósfera. Se captura, se controla y se transforma. A través de una red de más de 500 pozos de captación, el biogás generado en el relleno sanitario es extraído y conducido hacia una central de generación eléctrica. Este proceso permite evitar la liberación de un gas altamente contaminante y, al mismo tiempo, convertirlo en una fuente de energía renovable.
En términos simples: lo que antes era un pasivo ambiental, hoy es parte de la solución energética del país.
Energía desde residuos: el rol de la Central ERNC
La Central de Energía Renovable No Convencional (ERNC) de Consorcio Santa Marta opera generando electricidad a partir del biogás capturado.
Solo en los últimos dos años, esta operación ha permitido producir cerca de 100.000 MWh de energía, contribuyendo directamente al Sistema Eléctrico Nacional. Este tipo de generación tiene una característica clave: es continua y estable, a diferencia de otras energías renovables que dependen de factores climáticos.
Además, este proceso ha permitido evitar la emisión de más de 520.000 toneladas de CO₂ equivalente, reduciendo de manera concreta el impacto ambiental de la gestión de residuos.
Cada tonelada de CO₂ evitada tiene además un valor social cuantificable. Considerando el Precio Social del Carbono definido por el Estado de Chile —que en 2025 se ubica en 71,1 USD/tCO₂e y escala a 109,7 USD/tCO₂e en 2030—, el aporte de Consorcio Santa Marta en los últimos dos años equivale a un beneficio social estimado cercano a los 35 millones de dólares en daños climáticos evitados. Esto posiciona la captura de metano no solo como una acción ambiental, sino como una inversión social estratégica.
El siguiente paso: almacenamiento energético con BESS
Uno de los desafíos de las energías renovables es su integración eficiente al sistema eléctrico. Para enfrentar este escenario, Consorcio Santa Marta está avanzando en la implementación de un sistema de almacenamiento energético mediante baterías (BESS), con una capacidad proyectada de 40 MWh.
Este sistema permitirá almacenar la energía generada cuando no puede ser inyectada inmediatamente al sistema, optimizando su uso y evitando pérdidas. En otras palabras, no solo se genera energía limpia, sino que se asegura su aprovechamiento máximo.
Se estima que este proyecto permitirá evitar cerca de 80.000 toneladas adicionales de CO₂ equivalente al año, fortaleciendo aún más el aporte ambiental de la compañía.
Una nueva forma de entender la gestión de residuos
La experiencia de Consorcio Santa Marta demuestra que la gestión de residuos puede ir mucho más allá de la disposición final.
La valorización energética del metano representa un aporte ambiental y social concreto, cuantificable y relevante, que permite reducir emisiones, generar energía y aportar a la seguridad de la matriz energética.
Pero, sobre todo, instala una nueva lógica: incluso en industrias asociadas a externalidades ambientales, es posible desarrollar soluciones que transformen esos impactos en oportunidades.
Ese es el desafío —y también la responsabilidad— de una gestión de residuos moderna: no solo contener, sino contribuir activamente a un modelo de desarrollo más sostenible.



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